Classic Gaming: Snow Bros (Arcade)

23 04 2010

Bienvenidos a la primera edición de Classic Gaming. Llevo tiempo queriendo incluir posts acerca de mis juegos favoritos de cuando las tres dimensiones eran casi una idea lasciva, y donde quiero exponer y recomendar aquellas leyendas de todos los géneros que me hicieron saltar todos y cada uno de mis chakras jugones. Espero que os guste.

En mi niñez me pasaba más o menos como ahora. No importa el tiempo libre que consiga sacar de uno u otro lado, siempre me es insuficiente para el número de aficiones que tengo y el tiempo que necesitan todas. Es terrible tener que decidir entre emplear un rato en mejorar con la guitarra, probar ese juego tan esperado que acabo de instalar o echarme encima una serie que todo el mundo tiene en boca. De entre todas mis aficiones, la más obvia (no hay más que echar un vistazo al blog) son los videojuegos, palabra que he tardado en utilizar años por parecerme, por algún motivo, ridícula. Los juegos han sido gran parte de mi vida, y algunos miles han pasado por mis manos, sin exagerar en absoluto. De casi todas las plataformas y de todos los géneros, pero siempre hay alguno que, en cualquier momento de la vida, juegas y dices: “…. ¡¿y esto?!”

Cuando eres pequeño todo te impacta más, aunque lo comprendas menos. Tal vez porque no te molestas en fijarte tanto en si las texturas están refinadas, si los modelados están redondeados o si la iluminación es realista. Cuando eres un chavalín todo lo que vaya un paso por delante de una Atari 2600 te parece alucinante, y más si te ponías delante de una de esas bicharracas de otro mundo que se conocían como las máquinas de Arcade. Muebles más grandes que un servidor, con una pantalla que ni la del salón, una palanca y unos botones que daba gusto tener en las manos. Cada vez que veías una de esas maquinorras se te quedaba una cara de gilipollas muy importante. Pero si además al asomarnos a la pantalla, nos encontrábamos con uno de esos clasicazos atemporales que dejaban nuestros bolsillos sin provisión alguna de monedas de 5 duros.

Puede que la recreativa más emblemática para mí que jamás he jugado en un bar o un salón recreativo, es Snow Bros. Por entonces contenido en un casi obsoleto subgénero plataformero, que yo tengo personalmente catalogado como “juego de pasar pantallas”.

Bajo la simple premisa de atravesar cada una de las inmóviles fases del juego sin sufrir, a ser posible, sin un solo rasguño (ya que un solo toque bastaba para bajar el contador de vidas y perder los power-ups recogidos), se desenvuelve una de las más divertidas propuestas jamás concebidas, especialmente en su modo cooperativo a dos jugadores.

Todavía es más sencillo el concepto ingame, que se basaba en algo tan simple como arrojar nieve a los demoníacos enemigos a fin de convertirlos en una bola que podía ser empujada y pateada para arrollar al resto de criaturas que quedasen a su paso, obteniendo así cuantiosos objetos de bonus, o alguna de las 4 pociones que nos otorgaban una serie de poderes en absoluto desdeñables; “las patitas”, o los patines que como los llamaron posteriormente en las versiones para consola, otorgaban una agradecidísima velocidad extra (la poción roja), un rango que al menos doblaba la distancia de lanzamiento de la nieve (amarillo) o el frasco azul, que nos permitía hacer “bola” a los enemigos con menos impactos.

Existía además una remota posibilidad de que apareciese una poción verde, que nos hacía inflarnos y convertirnos en un gran sprite que con sólo rozar a los enemigos, éstos salían volando al momento. Lo que por entonces se llamaba “la magia” del juego.

Pero lo que más retaba, a parte de completar el dificilísimo juego, era obtener los preciados billetes o “papelitos” de cada nivel. Esto se conseguía resolviendo el nivel en un único movimiento. Por lo general la mejor opción era subir hasta arriba del nivel nada más aparecer, para lo cual hacían falta reflejos, rapidez y sobre todo memoria de otras partidas anteriores, para saber hacia dónde iban a comenzar a caminar los enemigos y cuándo dejábamos de tener esa preciada protección contra daños que nos regalaban al comenzar el nivel, para ajustar al máximo la ventaja y liarnos a crear nuestra trampa en pos de la puntuación extra.

Completar el juego del tirón sólo estaba al alcance de unos pocos, y aún recuerdo a mi hermano en un bar del barrio ante la atónita mirada de los chavales, acabando el juego prácticamente ileso, entero y dejando el final del mismo luciendo entre el olor a tabaco, a botellín, a bareto cualquiera, exponiendo cualidades. Acabar ese juego es un martirio, os lo garantizo, así que podéis imaginar el vicio de aquí el hermano mayor. Tela!

En fin, solamente me queda recomendaros que os deis un paseo por ese museo antológico y brutal llamado M.A.M.E. y deis buena cuenta de una de las grandes joyas de la edad dorada de los videojuegos. Un grande del coin-op, Un inmortal entre los plataformas de pantallitas.

PD: De la segunda parte y el hack de la tercera no digo nada, me parecen bastante inferiores y exentos de buenas ideas. Donde esté el primer “juego de la nieve” que se quiten los demás.

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3 responses

23 04 2010
Sete

Es vedda, que vicio tenia yo con el de la nieve, llegar a hacerme en coopertativo todas con los papelitos y sin que nos mataran era un reto…que conseguimos. Juajuajua

24 04 2010
Alb

La leche, si que es verdad que este es uno de esos que da igual a que edad lo juegues que es vicio puro!

25 04 2010
.:: KamE ::.

Sep!! Lo más parecido que hay hoy día son los juegos de popcap, como el Peggle. Salieron todos de golpe y dejaron de existir.

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